Y dijiste adiós argumentando que en realidad no nos conocíamos, que estábamos enamorados de nuestros "yos" adolescentes y que eso no era suficiente.
¿Qué no te conozco dices? Conozco perfecto la forma de tus cejas, la textura de tu barbilla, tu sonrisa torcida, el tacto de tu cara, tu nariz perfecta, ese cabello que he visto con rizos rebeldes algunas veces e inexistente otras tantas.
Conozco ese corazón revolucionario, esas ganas de cambiar el mundo, de hacer grandes cosas y vivir emocionantes aventuras.
Te conozco tan bien que sé que aún a casi un año de tu despedida, no me sacas de tu mente y que no pasará tanto tiempo sin que volvamos a estar en contacto y dolernos como desde hace casi 20 años.
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